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miércoles, 23 de julio de 2014

.- EL EXTASIS DE TOM .- DEL 47 AL 49 (CON PARTES EN EL 49)

CAP 47
«¿Quéee?»
Eso es lo que habría querido gritar _____, pero dadas las circunstancias, se mordió la lengua. No le parecía muy sensato mostrar sus cartas.
—Me preocupa que si nos acostamos antes de hora, pueda ser perjudicial para los cambios que debemos afrontar.
—Entonces, ¿quieres esperar?
Él le dirigió una ardorosa mirada.
—No, _____. No quiero esperar. Quiero hacerte el amor ahora mismo y no parar durante una semana. Pero creo que deberíamos esperar.
Ella abrió mucho los ojos al darse cuenta de que hablaba en serio.
Tom la besó con dulzura.
—Si vamos a ser compañeros, tenemos que confiar el uno en el otro. Y si no confías en mí con tu mente, ¿cómo vas a confiarme tu cuerpo?
—Creo que ya me dijiste eso una vez.
—Hemos dado la vuelta completa y hemos regresado al principio. —Carraspeó—. Para que no quede ninguna duda, cuando hablo de confianza, quiero decir confianza plena. Tengo fe en que, con el tiempo, me perdonarás y dejarás de estar enfadada conmigo. Sé que seremos capaces de superar nuestra necesidad de proteger al otro a toda costa, para evitar más crisis. —La miró, expectante antes de proseguir—: Sé que debería haber esperado a que dejaras de ser mi alumna para iniciar la relación. Me quise convencer de que, mientras no practicáramos sexo, no estaríamos rompiendo ninguna regla, pero me equivoqué. Y fuiste tú quien pagó las consecuencias. —La miró fijamente—. No me crees.
—Oh, no, no es eso. Te creo. Pero el profesor Kaulitz que conocí y del que me enamoré no era muy partidario de la abstinencia.
Él frunció el cejo.
—¿Ya te has olvidado de cómo empezó nuestra relación? Nos abstuvimos la primera noche y muchas otras noches después de aquélla.
Ella lo besó en la boca, arrepentida.
—Tienes razón. Lo siento.
Tom se volvió de lado para mirarla a los ojos.
—Tengo tantas ganas de tenerte entre mis brazos que me duele. No puedo esperar a que llegue el momento de estar unido a ti en cuerpo y alma. Pero cuando vuelva a entrar en tu cuerpo, quiero que sepas que no te abandonaré nunca más. Que eres mía y yo soy tuyo para siempre. —Con voz ronca, añadió—: Que estemos casados.
—¿Cómo dices?
—Quiero casarme contigo. Cuando vuelva a hacerte el amor, quiero que seas mi esposa.
Cuando _____ se lo quedó mirando boquiabierta, él siguió hablando rápidamente:
—Richard es el tipo de persona en que quiero convertirme. Quiero ser uno de esos hombres que pasan el resto de su vida amando a una sola mujer. Quiero estar a tu lado, frente a nuestra familia, y pronunciar los votos ante Dios.
—Tom, ¿cómo quieres que me plantee casarme contigo, si a duras penas estoy tratando de aprender a estar a tu lado otra vez? Francamente, sigo enfadada contigo.
—Lo entiendo. Créeme, no quiero meterte prisa. ¿Recuerdas la primera vez que hicimos el amor?
______ se ruborizó.
—Sí.
—¿Qué es lo que recuerdas?
Ella hizo memoria, con un brillo melancólico en la mirada.
—Fuiste muy apasionado, pero muy cuidadoso al mismo tiempo. Lo habías planeado todo meticulosamente, hasta aquel ridículo zumo de arándanos.
»Recuerdo que estando sobre mí me miraste a los ojos. Recuerdo que mientras te movías en mi interior, me decías que me amabas. Nunca olvidaré esos momentos, ni aunque viva cien años —admitió, ocultando la cara contra el cuello de Tom.
—¿Vuelves a ser tímida? —Le acarició la mejilla con un dedo.
—Un poco.
—¿Por qué? Me has visto desnudo. He adorado cada centímetro de tu precioso cuerpo.
—Echo de menos la conexión que teníamos. Sin ella me siento incompleta.
—A mí me pasa lo mismo, pero ¿crees que podrías hacer el amor conmigo sin confiar en mí? Te olvidas de que te conozco, amor mío, y sé que no podrías entregarle tu cuerpo a alguien a quien no le entregarías tu corazón.
»¿Recuerdas nuestra última vez juntos? Dices que sentiste que te había follado. La próxima vez que estemos desnudos en una cama no quiero que tengas la menor duda de que nuestra unión es fruto del amor, no de la lujuria.
—Eso podemos conseguirlo sin casarnos —contestó ella.
—Tal vez. Aunque si no puedes confiar en mí lo suficiente como para casarte conmigo, quizá lo mejor sería que me dejaras ahora.
_____ abrió mucho los ojos.
—¿Me estás dando un ultimátum?
—No, pero quiero demostrarte que soy digno de ti y darte tiempo para que se curen tus heridas. —La miró con solemnidad—. Necesito algo permanente.
_____ entornó los ojos.
—¿Quieres algo permanente o necesitas algo permanente?
Él cambió de postura.
—Las dos cosas. Quiero que seas mi esposa, pero también quiero ser el tipo de hombre que debería haber sido desde hace tiempo.
—Tom, siempre estás tratando de conseguirme. ¿Cuándo vas a parar?
—Nunca.
Ella levantó las manos, frustrada.
—Negarme el sexo para lograr que me case contigo es propio de alguien muy manipulador.
La expresión de Tom se iluminó.
—No te estoy negando el sexo. Si tú me dijeras que no estás preparada para acostarte conmigo y yo insistiera, entonces sí estaría siendo un hijo de puta manipulador. ¿No crees que yo me merezco lo mismo? ¿O es que lo de «“no” significa “no”» sólo es válido para las mujeres?
—Yo no te presionaría si supiera que no te apetece —respondió _____, indignada—. Tuviste mucha paciencia conmigo cuando yo no me sentía preparada para acostarme contigo, pero ¿qué me dices del sexo de reconciliación? Pensaba que era una tradición.
Él se acercó más.
—¿Sexo de reconciliación? —repitió, con una mirada tan ardiente que _____
pensó que iba a estallar en llamas en cualquier momento—. ¿Es eso lo que quieres? —preguntó, con voz ronca.
«Bienvenido, profesor Kaulitz. Te echaba de menos.»
—Bueno... ¿sí?
Tom le acarició el labio inferior con un dedo.
—Pídemelo —le dijo.
_____ parpadeó varias veces hasta romper el embrujo magnético de su mirada, que la había dejado sin palabras.
—No hay nada en este mundo que desee más que pasar días y noches enteros dedicados a darte placer, a explorar tus recovecos, a adorarte con mi cuerpo. Y lo haré. En nuestra luna de miel seré el amante más atento e imaginativo. Pondré mis artes amatorias a tu servicio hasta que olvides todos los errores que he cometido. Cuando te lleve a la cama convertida en... mi esposa.
_____ apoyó la cabeza sobre su pecho, en el lugar donde la camisa ocultaba el tatuaje.
—¿Cómo puedes ser tan... frío?
Tom la agarró por los brazos y se volvió, hasta que ella quedó encima de él, pegada a su cuerpo.
La besó, con delicadeza al principio, rozándole los labios con los suyos y succionándole el labio inferior. Luego, a medida que su abrazo ganaba intensidad, le acarició la nuca y la espalda para que se relajara.
Le rozó el labio superior con la punta de la lengua para asegurarse de que iba a ser bien recibido. No habría tenido que preocuparse, porque _____ lo recibió con entusiasmo, explorando su boca. Tom respondió con entusiasmo multiplicado hasta que, sin previo aviso, se retiró.
—¿Te he parecido frío? —susurró apasionadamente, con una mirada hambrienta—. ¿Has tenido la impresión de que no te deseaba?
Ella habría negado con la cabeza si hubiera recordado dónde la tenía.
Él le besó la mandíbula, la barbilla y fue deslizándose lentamente por su cuello hasta besarle el hueco de la parte inferior de la garganta.
—¿Y esto? ¿Te ha parecido frío? —insistió, besándole entonces las clavículas.
—N... no —respondió, estremeciéndose.
Tom ascendió por su cuello, acariciándola con la nariz hasta llegar a la oreja, donde empezó a mordisquearle el lóbulo entre susurros de adoración.
—¿Qué me dices de esto?
Con la mano derecha le acarició el costado, resiguiendo cada costilla como si fuera una obra de arte, o como si estuviera buscando la que Adán había perdido. Cambiando ligeramente de ángulo, _____ le deslizó el muslo sobre la cadera, rozando la evidencia de su pasión.
—¿Puedes negarlo? —insistió él.
—No.
Tom la miró con ardor.
—Ahora que hemos dejado esto claro, quiero oír tu respuesta.
A _____ le costaba razonar en aquella postura. Cuando empezó a moverse, él la sujetó con más fuerza.
—Durante estos meses no ha habido nadie más —aseveró—. No quería a nadie que no fueras tú. Pero si me dijeras que te has enamorado de otra persona y que eres feliz, no insistiría. Por mucho que me doliera. —Hizo una mueca y susurró—: Siempre te querré, ______, me quieras tú o no. Eres mi cielo. Y mi infierno.
Se hizo el silencio en la habitación durante varios minutos. _____ se cubrió la
boca con una mano temblorosa y Tom vio que tenía las mejillas mojadas de las lágrimas.
—¿Qué pasa? —Tiró de ella con suavidad hasta que la tuvo contra su pecho—. Lo siento. No quería hacerte daño —le dijo arrepentido, acariciándole la espalda.
_____ tardó unos minutos más en calmarse lo suficiente como para poder hablar.
—Me quieres.
Él hizo una mueca de incredulidad.
—¿Lo dudas?
Cuando ella permaneció en silencio, Tom empezó a preocuparse en serio.
—¿Pensabas que no te quería? Te he dicho que te amo de todas las maneras posibles. He tratado de demostrártelo con mis actos, con mis palabras, con mi cuerpo. ¿No me creíste?
______ negó con la cabeza, como diciéndole que no la estaba entendiendo.
—¿Me creíste alguna vez? ¿Me creíste cuando estuvimos en Italia? ¿O en Belice? —Tom se tiró del pelo, desesperado—. ¡Por el amor de Dios, _____! ¿Permitiste que fuera el primer hombre en tu vida pensando que sólo me gustabas?
—No.
—Entonces, ¿por qué eliges este momento para creer que te quiero?
—Porque estabas dispuesto a dejarme salir de tu vida si yo elegía a otra persona.
Dos gruesas lágrimas rodaron por sus mejillas y Tom las detuvo con los dedos.
—Eso es lo que pasa cuando quieres a alguien. Quieres que ese alguien sea feliz.
_____ se secó los ojos y él vio que una de sus últimas lágrimas brillaba sobre el anillo de boda que llevaba en el dedo.
—Cuando encontré el grabado de san Francisco y Guido de Montefeltro, no entendí por qué lo habías metido en el libro. Pero ahora lo entiendo. Tenías miedo de que la universidad arruinara mi carrera académica. Y, para impedirlo, ofreciste la tuya en su lugar. Me amabas tanto que te apartaste de mi vida, aunque sabías que con ello se te rompería el corazón.
—______, yo...
Las palabras de Tom fueron interrumpidas por los labios de ella, que se fundieron con los suyos en un beso casto y cargado de dolor, pero erótico y gozoso al mismo tiempo.
Hasta ese momento no se había sentido digna del ágape. No había aspirado a ser amada de una manera tan sacrificada. No había sido un objetivo en su vida, ni un grial que hubiera perseguido. Cuando Tom le había dicho que la amaba por primera vez, se lo había creído sin darle más vueltas. Pero no había sido consciente de la magnitud y la profundidad de su amor. Sólo con su última declaración le había quedado claro. Y, con la revelación, le sobrevino una gran sensación de sobrecogimiento.
Tal vez su amor siempre había tenido un fuerte componente de sacrificio. O tal vez había ido creciendo con el paso del tiempo, como el manzano que los había alimentado aquella lejana noche, y sólo ahora ella se daba cuenta de su dimensión.
En esos instantes, la génesis de su amor-ágape no importaba. Tras enfrentarse a lo que sólo podía definir como algo muy profundo, _____ nunca más volvería a dudar de su sentimiento. Sabía que él la amaba tal como era, completamente, sin cuestionarla.
Tom se separó un poco para mirarla a la cara y le acarició la mejilla con la mano.
—No soy un hombre especialmente noble, pero el amor que siento por ti es para siempre. Cuando fui a tu apartamento, mi intención era decirte que te amaba y asegurarme de que estabas bien. Si me hubieras echado de tu lado —inspiró hondo antes
de acabar la frase— ... me habría marchado.
—No pienso echarte de mi lado —murmuró ella—. Y haré todo lo que pueda para ayudarte.
—Gracias.
______ se acercó más y se acurrucó contra su pecho.
—Siento haberme marchado —se disculpó él, antes de unir sus labios en un beso.

CAP 48
Durante los días y semanas que siguieron, los dos se vieron tan a menudo como pudieron, pero entre los preparativos de Tom para el semestre de invierno y el trabajo de _____ en Peet’s, su contacto se llevó a cabo básicamente vía SMS y correos electrónicos.
Ella siguió acudiendo a las sesiones con la doctora Walters, que tomaron una dimensión distinta con el regreso de Tom. Y, juntos, empezaron a asistir a sesiones de terapia de pareja una vez por semana; sesiones que se convirtieron rápidamente —aunque de manera no oficial— en preparación prematrimonial.
Cuando ____ se mudó a una residencia de estudiantes, a finales de agosto, Tom y ella habían resuelto ya varios de sus problemas de comunicación. Aunque la manzana de la discordia entre ambos permanecía sin resolver: Tom seguía negándose a acostarse con ella hasta que no estuvieran casados, y ella seguía insistiendo en que no se precipitaran en cuanto a lo del matrimonio.
En general, él se negaba a compartir la cama con ella y, cuando lo hacía, su expresión era la de un santo que estuviera siendo martirizado.
Una de esas noches, _____ permanecía despierta entre sus brazos mucho después de que él se hubiera dormido. El cuerpo de Tom era cálido, como lo habían sido sus palabras de hacía un rato, pero se sentía rechazada. El apasionado profesor no había necesitado que Paulina le insistiera mucho para que volvieran a acostarse, pero en cambio se negaba a amarla a ella con su cuerpo, a pesar de sus promesas de amor eterno.
Con la cabeza apoyada en el pecho de él, que subía y bajaba rítmicamente, reflexionó sobre el rumbo que había tomado su vida. Se preguntó si Beatriz habría pasado muchas noches deseando la presencia de Dante a su lado y teniendo que conformarse con que la adorara a distancia.
«______.»
Se sobresaltó al oír su nombre. Tom murmuró algo más y la sujetó con fuerza.
Ella derramó una lágrima.
Sabía que él la amaba, pero comprobarlo siempre la emocionaba. Tom estaba tratando de liberarse de su pasado con Paulina y otras mujeres y ____ estaba pagando el precio. Aunque tal vez no fuera algo muy distinto del precio que él había tenido que pagar por la vergüenza de ella tras su ruptura con Simon.
Cuando volvió a murmurar, inquieto, ______ le susurró al oído:
—Estoy aquí.
Dándole un suave beso en el tatuaje, cerró los ojos.

CAP 49 (PARTE 1)
A pesar del dolor que le suponía su abstinencia, _____ tenía que admitir que Tom encontraba constantemente nuevas e ingeniosas maneras de demostrarle su amor. Aunque la situación era difícil, seguía teniendo fe en él.
Tom no quería ni oír hablar de pasar la noche en su habitación de la residencia de estudiantes, pero de vez en cuando iba a visitarla y le regalaba flores o bombones. Cuando llevaba comida, en ocasiones hacían un picnic en el suelo. También iban al cine —dignándose incluso a ver alguna comedia romántica de Hollywood— y, al volver, él la besaba frente a la puerta de la residencia.
Más de una vez, pasaron la noche del viernes o del sábado juntos en la biblioteca. Mientras Tom trabajaba en su nuevo libro, ella se preparaba para el seminario de la profesora Marinelli. Él estaba cumpliendo su promesa. La estaba cortejando con sus palabras y sus actos y eso a ella le gustaba. Pero al mismo tiempo se sentía frustrada e insatisfecha. Echaba de menos la cercanía que sólo se obtiene haciendo el amor.
Cuando llegó el 21 de agosto, volaron a Filadelfia para ayudar con los preparativos de la boda de Rachel y Aaron. Al entrar en el vestíbulo del hotel Four Seasons, _____ se sorprendió al ver allí a su padre esperándolos, sentado en una butaca, leyendo el Philadelphia Inquirer.
—Mi padre está ahí —murmuró, avisando a Tom para que pudiera meterse en un ascensor antes de que John sacara uno de sus rifles de caza y le disparara.
—Lo sé. Lo avisé yo.
_____ se volvió hacia él, incrédula.
—¿Por qué lo has hecho? ¿No sabes que quiere matarte?
Tom enderezó la espalda.
—Quiero casarme contigo y para eso tengo que arreglar las cosas con él. Quiero que podamos estar en la misma habitación sin tener que preocuparme por si trata de matarme. O castrarme.
—Creo que no es buen momento para sacar el tema de la boda —susurró ella—. Si tienes suerte, se olvidará de castrarte y se conformará sólo con cortarte las piernas... con su navaja suiza.
—No voy a pedirle permiso para casarme contigo; esa decisión es sólo tuya. Pero ¿te gustaría casarte con un hombre al que tu padre desprecia?
_____ empezó a retorcerse las manos, inquieta.
Tom se inclinó para hablarle al oído.
—Deja que trate de arreglar las cosas para que la idea de nuestra relación no le resulte tan insufrible. Tal vez algún día le gustará que te lleve al altar.
En cuanto él hubo acabado de hablar, John levantó la vista y los vio. Tras dirigirle una radiante sonrisa a su niña, fulminó a Tom con la mirada. Se levantó y puso los brazos en jarras. La chaqueta le colgaba por detrás de éstos, dándole un aspecto amenazador.
«Oh, dioses de las mujeres cuyos padres quieren castrar a sus novios en el vestíbulo del Four Seasons, por favor, no permitáis que lleve ningún objeto cortante.»
Sin amilanarse, Tom se inclinó hacia ella y la besó en la cabeza sin apartar la vista de John. La mirada de éste pasó de ser amenazadora a directamente asesina.
—Hola, papá. —_____ se acercó a él y le dio un abrazo.
—Hola, Jules. —Él le devolvió el abrazo antes de colocarla a su espalda, con gesto protector—. Kaulitz.
Sin dejarse impresionar por su tono, Tom le ofreció la mano. John se la quedó mirando como si fuera un delincuente, igual que su dueño.
—Creo que deberíamos buscar un rincón tranquilo en el bar. No necesito público para lo que tengo que decirle. _____, ¿necesitas ayuda con el equipaje?
—No, el portero ya se ha encargado. Me voy a mi habitación. Cuando acabes, ya harás el check-in en la tuya, ¿de acuerdo?
Tom asintió y la expresión de John se relajó un poco al ver que su hija no compartía habitación con el demonio.
—Una última cosa. Os quiero a los dos, así que os agradecería mucho que no os hicierais daño —dijo ______, mirando insegura a los dos hombres. Al ver que ninguno de ellos respondía, se dirigió a la recepción, negando con la cabeza.
Lo primero que le preguntó al recepcionista fue si había minibar en la habitación.
Esa misma noche, tras una cena algo tensa, pero no del todo desagradable con su padre, _____ se dispuso a disfrutar de la cesta de productos de baño que Tom había hecho enviar a su habitación. Casi todos tenían aroma a lavanda. Sonrió al ver una esponja de tul del mismo color, el que Tom asociaba a la virginidad. O eso había supuesto ella la primera vez que había encontrado una esponja color lavanda en su cuarto de baño.
Dejó de sonreír al darse cuenta de que Tom había comprado productos con aroma a lavanda, a pesar de que prefería que _____ oliera a vainilla. Tal vez era un truco para que no le costara tanto mantenerse apartado de ella. Respetaría sus deseos, pero esperaba que cambiara de modo de pensar. Y pronto.
Mientras estaba metida en la amplia bañera, le sonó el móvil. Por suerte, lo tenía a mano.
—¿Qué estás haciendo? —La sedosa voz de Tom le acarició los oídos.
—Relajándome. Por cierto, gracias por la cesta. ¿Cómo estás?
—No puedo decir que la conversación con tu padre haya sido agradable pero era necesaria. Le he dado la oportunidad de que me dijera que soy un maldito drogadicto que no te merece. Y luego me he esforzado en explicarle lo que había pasado. Al acabar de hablar me ha invitado a una cerveza. A regañadientes, pero lo ha hecho.
—¿Me tomas el pelo?
—No.
—No me imagino a mi padre pagando diez dólares por una Chimay Première.
Tom se echó a reír.
—En realidad, ha sido una Budweiser. Y ni siquiera fue una Budweiser Budvar original de la República Checa. Él ha pedido por los dos.
—Si estás dispuesto a renunciar a tus pretenciosas cervezas de importación y a beber asquerosa agua sucia por mí, supongo que es que me quieres.
_______ miró la bañera con melancolía. Le habría gustado estar bañándose con él, en vez de sola.
—Beber cerveza nacional era lo mínimo que podía hacer. No creo que tu padre me perdone nunca por haberte hecho daño, pero espero que las cosas vayan a mejor a partir de ahora. Le he dicho que quería casarme contigo. ¿Te ha comentado algo durante la cena?
Ella titubeó.
—Me ha dicho que soy su niñita y que quiere protegerme. Y también varias
cosas sobre ti no demasiado halagüeñas. Pero ha admitido que soy una persona adulta, que debe vivir su vida y tomar sus propias decisiones. También me ha comentado que se notaba que habías cambiado. Creo que lo has sorprendido. Y no es fácil que nadie lo sorprenda.
—Lo siento. —La voz de Tom sonaba torturada.
—¿Qué es lo que sientes?
—Siento no ser el tipo de hombre que una chica quiere presentarle a su padre.
—Mira, mi padre pensaba que el sol giraba alrededor de Simon. No puede decirse que se le dé muy bien juzgar a las personas. Y no te conoce tan bien como yo.
—Pero es tu padre.
—Yo me ocuparé de él.
Tom permaneció en silencio unos instantes antes de decir:
—Esa conversación me ha servido de calentamiento para la cena con mi familia.
—Oh, no. ¿Qué ha pasado?
—Hablar con Scott por teléfono es una cosa, pero cenar con él es otra muy distinta.
—Se siente obligado a protegerme. Ya hablaré con él.
—Richard me ha pedido que haga un brindis por Grace durante el banquete de boda.
—Oh, cariño, eso no va a ser fácil. ¿Te ves capaz?
Tras unos instantes de silencio, Tom respondió:
—Hay cosas que necesito decir. Cosas que llevo treinta años queriendo decir. Ésta es una buena oportunidad.
—Entonces, ¿has hecho las paces con todo el mundo?
—Básicamente. Richard y yo ya habíamos arreglado las cosas por teléfono, hace varias semanas.
—¿Has conocido al hijo de Tammy?
Tom contestó entre risas.
—Me ha manchado en cuanto lo he cogido en brazos. Tal vez Scott le hubiese dado instrucciones.
—¿Se te ha hecho pipí encima?
—Por suerte, no. Pero me ha tirado leche en el traje de Armani.
______ se echó a reír a carcajadas al pensar en el elegante y puntilloso profesor siendo víctima del hijo de la novia de su hermano.
—Y el caso es que no me preocupa demasiado. ¿Es grave?
_____ dejó de reír de inmediato.
—¿No te preocupa? ¿Qué has hecho con el traje?
—El conserje del hotel lo ha enviado a la tintorería. Dice que creen que la mancha saldrá sin problemas, pero el caso es que no estoy preocupado. Los trajes pueden sustituirse. Las personas, no.
—Me sorprendes, profesor.
—¿Por qué?
—Porque eres muy dulce.
—Trato de serlo cuando estoy contigo —susurró él.
—Es verdad, pero nunca te he visto con niños.
—No. —Y al cabo de un momento, añadió—: Tú tendrías unos niños preciosos, _____. Niños y niñas con enormes ojos castaños y mejillas sonrosadas.
A través del teléfono, Tom oyó que _____ ahogaba una exclamación.
Con un hilo de voz, preguntó:
—¿Es demasiado pronto para tener esta conversación?
Ella no respondió.
— ¿______?
—Mis dudas sobre el matrimonio no son por los niños. Son por nuestras experiencias anteriores y por el matrimonio de mis padres. Cuando se casaron, se amaban y eran felices, pero acabaron odiándose y haciéndose mucho daño.

CAP 48 (PARTE 2)
—Pero Richard y Grace fueron felices juntos durante muchos años.
—Es verdad. Si pudiera tener un matrimonio como el suyo...
Podemos tener un matrimonio como el suyo —la corrigió él—. Eso es exactamente lo que quiero. Y quiero tenerlo contigo.
Con la voz, Tom trató de transmitirle cuánto deseaba un matrimonio como el de Grace y Richard; lo mucho que se estaba esforzando para llegar a ser el hombre que pudiera darle ese tipo de vida.
Ella soltó el aire lentamente.
—Si me hubieras pedido que me casara contigo antes, te habría dicho que sí. Pero ahora no puedo aceptar. Tenemos muchas cuestiones que resolver. Y empiezo a notar la presión del doctorado.
—No quiero apretarte ni estresarte —replicó él con la voz suave, pero un tanto crispada.
—Además, pensaba que ya habías tomado la decisión de no tener hijos.
—Siempre podemos adoptar —replicó Tom a la defensiva.
_____ reflexionó antes de decir:
—La idea de tener un bebé de ojos color ambar contigo me hace muy feliz.
—¿De verdad?
—De verdad. Y después de ver lo que Grace y Richard hicieron por ti, me gustaría adoptar algún día. Pero no mientras aún esté estudiando.
—Me temo que la adopción tendría que ser privada. Dudo que ninguna organización respetable le diera un niño a un ex drogadicto.
—¿De verdad quieres tener hijos?
—¿Contigo? Por supuesto. Si nos casáramos, me plantearía revertir la vasectomía. Me la hice hace años, así que no sé si sería posible, pero me gustaría intentarlo. Si estás de acuerdo.
—Creo que es demasiado pronto para tener esta conversación. —El brazo en el que estaba apoyada, le resbaló en el borde de la bañera y salpicó.
«Scheiße!», maldijo en alemán para sí misma, cansada.
—¿Te estás dando un baño?
—Sí.
Tom gruñó y ______ se alegró de no ser la única que lo estaba pasando mal. Le resultaba humillante que fuera capaz de resistir alejado de ella.
Finalmente, él rompió el silencio con un suspiro.
—Bueno, estoy al otro lado del pasillo, triste y solo, por si necesitas algo.
—Yo también estoy sola, Tom. ¿No podemos hacer nada para remediarlo?
Al notar que titubeaba, ______ se sintió optimista.
Pero él volvió a resoplar de frustración.
—Lo siento. Tengo que dejarte. Buenas noches.
—Buenas noches.
Negando con la cabeza, ______ colgó el teléfono.
A pesar de la ausencia de su madre, la boda de Rachel fue casi como un cuento de hadas. Aaron y ella se casaron en un precioso jardín de Filadelfia. Y, aunque él se había negado en redondo a que se soltaran cien palomas blancas en el momento en que
el cura los declarara marido y mujer, Rachel había acabado convenciéndolo para que soltaran cincuenta.
(Por lo menos, ninguno de sus parientes había decidido que era un buen momento para practicar la puntería.)
Como padrino y dama de honor respectivamente, Tom y _____ se encontraron flanqueando a los novios, junto con Scott. Ella pasó buena parte de la ceremonia lanzándole miraditas furtivas a Tom, que no le quitaba el ojo de encima, sin molestarse en disimular.
Cuando se hubo acabado con las fotos familiares, el banquete y los brindis de rigor, empezó el baile. Rachel y Aaron se fundieron en un abrazo para disfrutar de su primer baile como marido y mujer, antes de que llegara el turno de los padres de unirse a ellos en la pista.
Hubo unos instantes de nerviosismo entre los presentes cuando observaron a Richard avanzar solo hacia la pista, pero en seguida respiraron aliviados cuando vieron que se dirigía hacia _____ y le pedía el honor de ser su pareja.
Aunque sorprendida, pues pensaba que se lo pediría a alguna tía de Rachel o a alguna amiga, aceptó sin dudar. Como el perfecto caballero que era, Richard bailó con ella sujetándola con manos firmes pero respetuosas, mientras daban vueltas por la pista de baile.
—Parece que tu padre está disfrutando —comentó él, señalando con la cabeza a John, que estaba charlando animadamente con una profesora de la Universidad de Susquehanna, con una copa en la mano.
—Gracias por invitarlo —dijo _____ tímidamente, mientras se movían al ritmo de At Last, de Etta James.
—Es un buen amigo. Grace y yo quedamos en deuda con él desde que nos ayudó cuando Tom se metió en líos.
_____ asintió, tratando de concentrarse en no tropezar.
—El brindis de Tom en honor a Grace ha sido muy emotivo.
Richard sonrió.
—Ha sido la primera vez que nos ha llamado papá y mamá. Estoy seguro de que Grace lo está viendo todo y que es muy feliz. No sólo por la boda de Rachel, sino también por la transformación de nuestro hijo. Y esa transformación te la debemos a ti, ______. Gracias.
Ella sonrió.
—No puedo ponerme esa medalla. Algunas cosas no dependen de una sola persona.
—Tienes razón, pero algunas relaciones son conductos para que la gracia llegue hasta alguien y sé que tú has jugado ese papel en tu relación con Tom. Así que te lo agradezco.
»Tom ha tardado mucho en perdonarse por lo que pasó con Maia y por no haber estado presente cuando Grace murió. Ahora es un hombre muy distinto al de hace un año. Espero poder volver a bailar contigo en otra boda dentro de no mucho tiempo. Una en la que mi hijo y tú seáis los protagonistas.
______ lo miró con franqueza.
—Estamos tomándonos las cosas con calma, pero estoy enamorada de él.
—No esperéis mucho. Nunca se sabe lo que va a traer la vida. A veces tenemos menos tiempo del que pensamos.
La canción llegó a su fin, así que Richard le besó la mano y la acompañó a su sitio, junto a Tom.
Mientras se sentaba, _____ se secó disimuladamente una lágrima. Él se inclinó
hacia ella y le susurró al oído:
—¿Mi padre te ha hecho llorar?
—No, sólo me ha recordado lo que es importante en la vida —respondió ella, dándole la mano y llevándose las manos unidas de ambos a los labios para besarle los nudillos—. Te quiero.
—Yo también te quiero, mi dulce, dulce niña. —Tom la besó y, por unos instantes, se olvidaron de dónde estaban.
_____ le rodeó el cuello con los brazos, acercándolo más. Cuando sus bocas se unieron y sus respiraciones se mezclaron, el sonido de lo que los rodeaba desapareció. Él la acercó hasta que estuvo prácticamente sentada sobre su regazo. Cuando se separaron, los dos respiraban con esfuerzo.
—No tenía ni idea de que las bodas provocaran este efecto —dijo Tom, sonriendo con ironía—, si no, te habría llevado a una antes.
Tras bailar varios lentos con Tom, _____ lo hizo con Scott y Aaron y, finalmente, con su padre. Era evidente que ambos tenían muchas cosas que decirse y, por sus expresiones, no eran agradables. Pero al final del baile pareció que habían llegado a un acuerdo, ya que _____ regresó junto a Tom con una sonrisa.
Avanzada la noche, Aaron pidió la canción de Marc Cohn True Companion y se la dedicó a Rachel. Inmediatamente, una fila de parejas casadas se acercó a la pista de baile. Tammy los sorprendió llevándoles a Quinn para que ______ lo sostuviera mientras ella bailaba con Scott.
_______ tenía miedo de no gustarle al niño.
—Te sienta bien —susurró Tom, cuando el pequeño se quedó dormido acurrucado contra su cuello.
—Chist, no vaya a despertarse.
—No se despertará. —Tom alargó la mano para acariciar el suave pelo del niño y sonrió cuando éste suspiró satisfecho.
—¿Por qué de pronto quieres casarte y tener hijos? —le preguntó ______.
Él se encogió de hombros, incómodo.
—Mientras estuvimos separados, pensé mucho. Me di cuenta de que había cosas importantes y otras que no lo eran tanto. Y también visité un orfanato.
—¿Un orfanato? ¿Para qué?
—Estuve trabajando de voluntario con los franciscanos de Florencia. Iban a menudo a llevar caramelos y juguetes a los niños del orfanato cercano. Y empecé a acompañarlos.
_____ se quedó con la boca abierta.
—No me has contado nada.
—No ha salido en la conversación, pero no es ningún secreto. Pensaba quedarme en Asís, pero conocí a una familia de voluntarios americanos que iban a trabajar en una clínica para pobres de Florencia y los acompañé.
—¿Te gustó la experiencia?
—No se me da demasiado bien, pero encontré algo en lo que era mejor que los demás: contaba historias sobre Dante en italiano.
Ella se echó a reír.
—No es una mala ocupación para un especialista en Dante. ¿También contabas esas historias en el orfanato?
—No, los niños eran demasiado pequeños. Estaban bien cuidados, pero el sitio era muy triste. Había bebés con sida y con diversas enfermedades. Y otros niños más mayores, a los que ya nadie quiere adoptar. La mayoría de los padres adoptivos quiere que sean más pequeños.
______ le puso una mano en el antebrazo.
—Lo siento.
Tom se volvió hacia ella y acarició la cabecita del niño.
—Cuando Grace me encontró, yo tenía lo que se considera una edad inadoptable, pero ella me quiso igualmente. Tuve mucha suerte. Fue una auténtica bendición.
Al oír la vulnerabilidad en su voz, _____ se sorprendió una vez más al comprobar lo mucho que Tom había cambiado. Meses atrás, habría sido imposible oír al profesor Kaulitz hablar de bendiciones o verlo acariciando la cabecita de un bebé. Especialmente, la de uno que le había manchado un traje de Armani.
Poco antes de que acabara el baile, Tom se acercó al disc-jockey y le pidió una canción en voz baja. Luego se volvió hacia _____ con la mano extendida y una amplia sonrisa.
Al llegar a la pista de baile, empezó a sonar Return to me.
—Me extraña que no hayas pedido Bésame mucho —bromeó ella.
Tom le dirigió una mirada cargada de solemnidad.
—He pensado que necesitábamos una canción nueva. Una nueva música para un nuevo capítulo.
—A mí me gustaba el viejo.
—No hace falta que olvidemos el pasado —susurró él—. Pero podemos construir un futuro aún mejor.
Con una sonrisa nostálgica, _____ dijo:
—Recuerdo la primera vez que bailamos juntos.
—Aquella noche me comporté como un auténtico cretino —murmuró avergonzado—. Cada vez que me acuerdo... Me provocabas unas emociones muy intensas, pero no sabía cómo afrontarlas.
—Pero ahora ya sabes cómo actuar cuando estás conmigo. —_____ le acarició la mejilla y le dio un suave beso, antes de deslizar los dedos sobre la pajarita de seda negra—. Recuerdo cómo me gustaban tus pajaritas cuando eras mi profesor y yo sólo era tu alumna. Ibas siempre impecable.
______ le agarró la mano y le dio un beso en la palma.
—_____, nunca fuiste sólo mi alumna. Eres mi alma gemela. Mi bashert.
La abrazó, pegándola a su pecho y ella canturreó satisfecha contra su esmoquin. Y cuando Dean Martin empezó a cantar en italiano, fue la voz de él la que susurró en su oído.
Cuando Tom se detuvo ante la puerta del cuarto de _____ esa madrugada, la miró con admiración. Su pelo, largo y ondulado, le caía despeinado sobre los hombros. Tenía las mejillas encendidas, igual que los ojos, burbujeantes por el champán y la felicidad. El vestido color rojo intenso se ceñía a su figura sin necesidad de tirantes. Su ángel de ojos castaños aún tenía la capacidad de hechizarlo.
Mientras le acariciaba la mejilla amorosamente, ella lo miró a los ojos, ambar y algo cansados, que se escondían ahora detrás de sus gafas. Estaba tan guapo con el esmoquin... Y tan, tan sexy...
Sin pensar, tiró de la pajarita y notó cómo el nudo de seda se deshacía entre sus dedos. Enrollándose la seda alrededor de la mano, tiró de él y lo besó.
Mientras se besaban, _____ se dio cuenta de lo difícil que había debido de resultarle a Tom contenerse al principio de su relación. Sintió que le hervía la sangre y la carne le quemaba, sabiendo lo que la esperaba después de los preliminares. Lo necesitaba tanto que no podía contenerse.
—Por favor —le suplicó, poniéndose de puntillas para besarle el cuello.
Tom gruñó.
—No me tientes.
—Te prometo que iré con cuidado.
Él se echó a reír, malhumorado.
—Este giro de las circunstancias es de lo más imprevisto.
—Hemos esperado más tiempo del razonable. Te quiero. Y te deseo.
—¿Confías en mí?
—Sí —respondió ella sin aliento.
—Pues entonces cásate conmigo.
—Tom, yo...
Él la interrumpió con un beso apasionado. La sujetó con fuerza por el pelo antes de bajar las manos hasta sus hombros desnudos y acariciárselos, sin dejar de besarla en ningún momento.
Soltando la pajarita, _____ le rodeó el cuello con los brazos y echó las caderas hacia adelante para pegarse más a su cuerpo. Le mordisqueó el labio inferior y gimió cuando él le exploró los contornos de la boca con la lengua.
Los dedos de Tom se deslizaron sobre sus clavículas, rodeándole los brazos y acariciándole la espalda. La piel de ella había empezado a calentarse y ruborizarse.
—Por favor, déjame hacer las cosas bien —le suplicó él, tomándole la cara entre las manos.
—¿Qué tiene de malo lo que estamos haciendo? —susurró _____, con sus oscuros suplicantes.
Él volvió a besarla y esa vez le sujetó la pierna y se rodeó con ella la cadera, recreando el tango vertical que habían bailado contra la pared del Royal Ontario Museum.
Tom la pegó a la puerta de la habitación y sus manos se perdieron bajo el vestido, acariciándole los muslos arriba y abajo, antes de detenerse bruscamente.
—No puedo.
______ le quitó las gafas para alisarle las arrugas de preocupación que se le habían formado entre las cejas. En sus ojos vio pasión, conflicto y amor. Apoyando el pie en el suelo, ella volvió a echar las caderas hacia adelante, hasta que sus cuerpos quedaron en contacto.
—Tom.
Él parpadeó al oír su voz, como si se estuviera despertando de un sueño.
Al ver que no se movía, _____ se apartó, dejando unos centímetros de distancia entre sus cuerpos, y le devolvió las gafas.
—Buenas noches, Tom.
Él tenía un aspecto abatido.
—No quiero hacerte daño.
—Lo sé.
Permaneció allí inmóvil, mirándola a los ojos, que tenía llenos de tristeza y de deseo.
—Estoy tratando de ser fuerte por los dos —susurró—, pero cuando me miras así...
Con un suave beso en los labios y una inclinación de cabeza, Tom se rindió. _____ encontró la tarjeta con dedos temblorosos y ambos desaparecieron tras la puerta de su habitación.
A la mañana siguiente, _____ abandonó el cálido refugio de los brazos de Tom
para una rápida visita al baño. Al volver, lo encontró despierto, mirándola con preocupación.
—¿Estás bien?
Ella se ruborizó.
—Sí.
—Entonces, ven aquí —la invitó, abriendo los brazos.
_____ se acurrucó a su lado, y le pasó una pierna sobre las caderas.
—Siento haberte hecho sentir incómodo ayer en el pasillo.
—No me hiciste sentir incómodo —replicó él, con tanta vehemencia que la pilló por sorpresa—. ¿Por qué tendría que hacerme sentir incómodo que la mujer que amo me demuestre que me desea?
—Creo que montamos un espectáculo para los demás huéspedes del hotel.
—Espero que tomaran ejemplo —bromeó Tom, antes de besarla.
Cuando se separaron, _____ le apoyó la cabeza en el hombro.
—Supongo que lo de esperar hasta el matrimonio iba en serio.
—No oí que te quejaras anoche.
—Ya me conoces —dijo ella, guiñándole un ojo—, no me gusta quejarme. Gracias por aceptar, Tom. Esta noche ha sido muy importante para mí. —Le rodeó la cintura con los brazos y apretó con fuerza.
—Para mí también —contestó él y sonrió—. Me has demostrado que confías en mí.
—Me alegra que te des cuenta, porque nunca había confiado tanto en nadie.
Tom la besó una vez más y le retiró el pelo de la cara.
—Tengo algo que contarte —dijo entonces, acariciándole el cuello con delicadeza—. Es una cosa extraña.
_____ frunció el cejo.
—Te escucho.
—Cuando estuve en Selinsgrove, vi algo. O, mejor dicho, me pasó algo.
Ella le cubrió la mano con la suya.
—¿Alguien te hizo daño?
—No. —Tom hizo una pausa incómoda—. Prométeme que mantendrás la mente abierta.
—Por supuesto.
—Mientras sucedió, pensé que estaba soñando, pero al despertar me planteé si habría sido una visión.
______ parpadeó.
—¿Como cuando pensaste que me habías visto en Asís?
—No. Como lo que dijiste sobre el cuadro de Gentileschi en Florencia... sobre Maia y Grace.
»La vi. Vi a Grace. Estábamos en mi antigua habitación, en casa de mis padres. Y ella me dijo... —La voz se le rompió y respiró hondo para recuperarse—. Me dijo que sabía que la quería.
—Claro —murmuró _____, abrazándolo con más fuerza.
—Eso no es todo. No estaba sola. Vino acompañada por una joven.
—¿Quién era?
Tom tragó saliva con esfuerzo.
—Maia.
Ella ahogó una exclamación.
—Me dijo que era feliz.
______ le secó una lágrima de la cara.
—¿Fue un sueño? —preguntó.
—Tal vez. No lo sé.
—¿Se lo has contado a Richard? ¿O a Paulina?
—No. Ambos han hecho las paces con el pasado.
Ella le puso una mano en la mejilla.
—Tal vez era lo que necesitabas para perdonarte. Ver que tanto Grace como Maia te han perdonado y que son felices.

Él asintió en silencio y enterró la cara en su pelo.



HOLA!!! BUENO NO PUEDO QUEDARME HABLANDO CON USTEDES, TENGO TAREA Y NI MODOS, LA TENGO QUE HACER ASI QUE NO PUEDO DECIRLES MAS SOBRE LA NOVE, PRONTO ACABARE CHICAS, ESTA NOVE TRAE 56 CAPS CREO Y YA VA EN EL 49 ... PREPARENSE :)) BUENO YA SABEN, SI VEO 4 O MAS COMENTARIOS LES AGREGO SINO NO ... BAY 

4 comentarios:

  1. :O no puedo creer q Tom ame tanto a (Tn) q bueno es tan romántico, de verdad que cada día que pasa amo mas a Tom :) huyy pensé q el papa de (Tn) le caeria a golpes a Tom pero no fue así menos mal, me encantooo virgii y mas la parte en donde los 2 no pueden contener sus ganas de hacer el amor jejeje espero q en los próximos caps si haya camita entre ellos, bueh espero los próximos caps em encantaron sube pronto pleaseee!!!

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  2. Quien diria que el profesor cretino y malhunorado de Tom sea un romantico y respetuosoo..

    Se quiere casar con la rayita!! *.*
    No aguntoo hahahaha.. Ay me dara penita q acabe perp confia en la proxima fic q subas :)

    Siguelaa pronto :D

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  3. aww tan romantico tom *-* ahhaha
    cada ves me gusta mas la fic lastima que se esta terminando
    sube pronto :)

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  4. aaaa que bello tom
    esta loco por casarse *-* ajajajaj
    suiguela pronto :D

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